sábado, 26 de agosto de 2017

¿Fue masón el general San Martin?

Hogaño, afirmar que el general José de San Martin fue masón es casi un lugar común. Esta afirmación se puede escuchar  tanto en boca de personas con alguna formación académica o cultural, como en boca de personas de escasos conocimientos históricos; pero en todos los casos huérfanos de una concluyente argumentación probatoria.
Para los argentinos católicos no es esta una cuestión intrascendente o baladí ya que el hecho de que un arquetipo de la nacionalidad revista la condición de masón implica un rebajamiento de su valía. En primer lugar porque ser masón es absolutamente incompatible con la condición de católico y en segundo lugar porque el accionar patriótico de este se vería así empañado bajo  un manto de sospechas al considerárselo supeditado a las directivas de una secta siniestra.
En efecto, la masonería es una organización secreta que propaga ideologías anticristianas, como el liberalismo y el marxismo, con el fin de quitar al catolicismo de la vida pública de las naciones. Por ello la Iglesia ha sancionado con pena de excomunión a los católicos que dan sus nombres a estas logias.
La versión de la supuesta condición de masón del Libertador, comenzó a ser acuñada alrededor del año 1880, ya que antes connotados masones como Bartolomé Mitre y Domingo Faustino negaron tal posibilidad.
Así Sarmiento supo decir que: “Cuatrocientos hispanoamericanos diseminados en la península, en los colegios, en el comercio o en los ejércitos se entendieron desde temprano para formar una sociedad secreta, conocida en América con el nombre de Lautaro. Para guardar secreto tan comprometedor, se revistió de las fórmulas, signos, juramentos y grados de las sociedades masónicas, pero no eran una masonería como generalmente se ha creído...
Y Mitre, por su parte, afirmó en su Historia de San Martin que “La Logia Lautaro no formaba parte de la masonería y su objetivo era sólo político”.
Fundamentos de la acusación
Ahora bien, ¿en que se basa esta acusación? ¿Existen pruebas de que San Martin fuera masón?
El historiador masón grado 33 Augusto Barcia Trelles sostiene en sus obras que nuestro prócer fue masón, pero no aporta ninguna prueba documental de ello. La excusa a semejante orfandad documental es que, según dijo, a pesar de haberla buscado en Argentina, Chile, Perú, España, Inglaterra, Francia y Bélgica; no la pudo encontrar “porque los archivos de las logias han sido destruidos por los nazis durante la ocupación”. Lo que sí se ve que encontró es una excusa ridícula.
Otro historiador masón Alcibíades Lappas, afirmó que San Martin ingresó en 1808 en la masonería, en la Logia Integridad n° 7, de Cádiz. ¿Qué pruebas aporta de ello? Ninguna.
Lo mismo quienes  dicen que San Martin se hizo masón en Inglaterra, cuando estuvo en la llamada Casa de Miranda, de paso hacia América. Según estos allí nuestro prócer se habría integrado a la logia masónica “Gran Reunión Americana” fundada supuestamente por Francisco de Miranda.
Quienes se hacen eco de estos dichos, es decir de estas fuentes masónicas, creen que las mismas son de por sí confiables y que por ende su autoridad es incuestionable; por lo tanto se eximen de mayores probanzas. Sin embargo, justamente por provenir de donde provienen esos testimonios deben ser tomados con cautela, ya que sabido es que los masones tratan de hacer pasar por masones a la mayor cantidad posible de personalidades notables a fin de prestigiar su accionar.
En contra de la imputación
A la afirmación de que San Martin se afilió a la masonería en Cádiz, hay que decirle en primer lugar –como lo explica Díaz Araujo- que “en el Cádiz de las Cortes pululaban los clubes secretos de masones, carbonarios y sociedades ocultas antimasónicas” y que “los dirigentes de las sociedades secretas luchaban y se desprestigiaban entre sí debatiéndose en diferentes aspiraciones. Las sociedades secretas fueron perdiendo su influjo en la lucha sorda mantenida entre ellas. Desorden que no se hubiera producido si todas esas sociedades y logias hubieran sido de obediencia masónica”. De modo que no todas las sociedades secretas que actuaban en aquella época en Cádiz eran masónicas, las había meramente políticas.
Y esto lo supo la Corona española. En efecto, en una nota secreta de la Secretaría del rey Fernando VII al Gobernador de Cádiz, Villavicencio, del 22 de Agosto de 1816, se decía lo siguiente: “Muy reservado. El Rey ha sabido por conducto seguro que existe una sociedad muy oculta, cuyos ritos son análogos a los de la masonería, pero su único objetivo es la independencia de América.”
Además de esto, existen otras pruebas indubitables de que la Logia Lautaro no era masónica. En primer lugar, los testimonios de dos hombres que fueron miembros de la logia. Uno, el de José Matias Zapiola, quien le dijo a Mitre: La Lautaro no era masónica, sí la de don Julián Alvarez”. Refiriéndose a la Logia Independencia que este presidia.
El otro testimonio es el de un sacerdote, Fray Servando de Mier, quien en sus Memorias cuenta que estando en Cádiz fue invitado a ingresar en la Lautaro (como explica Enrique Díaz Araujo los americanos eran mal visto por entonces en Cádiz y para ayudarse se logiaban); ahora bien, este sacerdote mexicano, enterado de las censuras pontificias a la masonería le preguntó a quien le invitó a entrar a la logia, si la Lautaro era masónica, a lo que se le respondió que no, y que el único masón allí era Carlos de Alvear.
También existe otra prueba documental al respecto que nos da la pauta de los fines políticos y no religiosos de la Lautaro; se trata de una Circular de la Logia del 21 de diciembre de 1816 en la que se daba la siguiente instrucción: “No atacar ni directa ni indirectamente los usos, costumbres y religión. La religión dominante será un sagrado de que no se permitirá hablar sino en su elogio, y cualquier infractor de este precepto será castigado como promotor de la discordia en un país religioso”.
Pero mayor contundencia probatoria tienen las respuestas que el historiador Patricio Maguire recibió a sus cartas enviadas en 1979 a la Gran Logia Unida de Inglaterra y a las Grandes Logias de Irlanda y de Escocia. En ellas le confirmaron que la Logia Lautaro “no tenía relación alguna con la Francmasonería regular”, y que San Martín no fue miembro de la misma.
A la teoría de que San Martin de afilió a la masonería en Londres en la llamada Casa de Miranda,   Enrique Díaz Araujo dice que es imposible que San Martin se hay podido reunir con Miranda allí porque hacía alrededor de un año que Miranda no estaba en Londres; y que no hay ninguna prueba de que este haya sido masón y menos de que haya existido la supuesta logia Gran Reunión Americana; además de que  los verdaderos dueños de esa casa londinense, los venezolanos Andrés Bello y Luis López Méndez, no eran masones y sí católicos prácticos.
Otro prueba de que es imposible que San Martin haya sido masón es su innegable condición de católico, tanto en el ámbito privado como en el público.
Al respecto hay que tener presente que la Masonería tiene como un objetivo fundamental la destrucción del orden social cristiano, es decir de la Cristiandad. En ese sentido los masones buscaron denodadamente imponer la separación del Estado y la Iglesia, la enseñanza laica, el divorcio, y en general la supresión de toda manifestación pública de Fe católica.
Ahora bien –a contrario sensu- San Martin hizo gala de un catolicismo público innegable; promoviendo la confesionalidad de Estado, la enseñanza religiosa, y todo tipo de actos que implican un reconocimiento del reinado social de Cristo en el orden temporal.
Para no extendernos demasiado con las innumerables muestras de Fe católica de San Martin, enunciamos solo las siguientes: promovió el uso del rosario y el escapulario entre sus soldados, dotó de capellanes a su tropa, nombró a la Virgen del Carmen Generala de su ejército, hizo rezar misas con frecuencia, fundó y auspició escuelas en las que se enseñaba la religión católica, se mostró siempre respetuoso con el clero y rindió su homenaje al representante apostólico de Pio VII de paso por Buenos Aires.
En particular supo ser un católico intolerante y severo respecto a la blasfemia y a los sacrilegios. En el art. 1° del Código Militar que redactó para su ejército en 1816, estampó una regla aleccionadora: “Todo el que blasfemare el santo nombre de Dios o de su adorable Madre e insultare la religión por primera vez sufrirá cuatro horas de mordaza por el término de ocho días; y por segunda vez será atravesada su lengua con un hierro candente y arrojado del cuerpo de Granaderos. El que insultare de obra a las sagradas imágenes o asalte un lugar consagrado, escalando iglesias, monasterios u otros, será ahorcado... Las penas aquí establecidas... serán aplicadas irremisiblemente”.
En lo atinente a la confesionalidad del Estado, cuestión que enardece a los masones, San Martin no dejó resquicio alguno para las pretensiones masónicas.
En la instrucción a Tomás Godoy Cruz, del 26 de enero de 1816, acerca de la forma de gobierno que debería adoptar el Congreso de Tucumán dice: “sólo me preocupa que el sistema adoptado no manifieste tendencia a destruir Nuestra Religión”.
En el "Estatuto Provisional" del Perú, que dictó el 8 de Octubre de 1821, estableció lo siguiente: “La religión Católica, Apostólica Romana es la religión del Estado. El gobierno reconoce como uno de sus primeros deberes mantenerla y conservarla por todos los medios que estén al alcance de la prudencia humana. Cualquiera que ataque, en público o privadamente, sus dogmas y principios, será castigado con severidad, a proporción del escándalo que hubiese dado”... 3ro: “Nadie podrá ser funcionario público si no profesa la religión del Estado”.
Con estas disposiciones nomas debería quedar descartada de plano toda posible pertenencia de nuestro prócer a la masonería, pues ¿Cuándo se vio un masón que hiciera todo eso? Sin embargo hay más datos aun que sirven para descartar su filiación masónica.
Todos sus enemigos acérrimos fueron justamente masones o liberales. Entre ellos Bernardino Rivadavia, Carlos de Alvear, José Miguel Carreras; y hay que destacar que fueron estos los que frustraron su intención de instaurar en América una monarquía católica e independiente pero dentro del seno de la Hispanidad.
Díaz Araujo dice que con ese fin operaron tres logias en forma combinada: la Logia Central de la Paz Americana del Sud, formada por  oficiales del Ejército Real español que pertenecían al partido liberal, cuyo Venerable era el General Jerónimo Valdés, quien impidió precisamente la paz americana, oponiéndose a los acuerdos de Miraflores y Punchauca que plantaban la independencia americana y la coronación de un miembro de la dinastía borbonica. La segunda fue la Logia Provincial de Buenos Aires, que presidía en país Bernardino Rivadavia, con ramificaciones en la "Lautaro"; y la tercera, la Logia Republicana Orden y Libertad, cuyo Venerable era José Faustino Sánchez Carrión, que se opuso al proyecto monárquico del Libertador y llevó a Simón Bolivar al Perú.
De modo pues que a estas Logias masónicas se les debe la balcanización sudamericana, ellas son las responsables de que nos convertimos un puñado de republiquetas sometidas al  imperio británico, y no a San Martin, como dicen sus detractores.
Finalmente, habría que mencionar que existen también otros argumentos que esgrimen los detractores del Libertador pero que son de una endebles tal que raya lo ridículo, y que no alcanzan ni siquiera a ser indicios que puedan justificar un mero estado de sospecha sobre nuestro héroe. Un ejemplo de estos argumentos maliciosos es el referente a una medalla que la masonería belga  supuestamente la habría otorgado a San Martin.
Al respecto hay que decir que un historiador masón, Martin Lazcano, reconoció que “la masonería no reserva sus homenajes para sus propios miembros”. Por otro lado ese hecho por sí solo no prueba nada, pues  -como dice Horacio Juan Cuccorese-   “¿Existe alguna prueba documental o testimonial reveladora de que San Martín haya aceptado una medalla masónica? ¿Existe constancia de la recepción solemne de la entrega de la medalla, discurso de Gran Maestre de la Logia y palabras de agradecimiento de San Martin? Nada. ¿Habrá tenido conocimiento San Martín de que se acuñó una medalla masónica en su honor? En la correspondencia sanmartiniana tampoco se encuentra nada".
En conclusión, podemos afirmar que no existe  prueba ni evidencia alguna de que San Martin haya sido masón. Y eso es lo que reconocen historiadores como Mitre, Ricardo Piccirilli, Héctor Juan Piccinali, Martín V. Lazcano, Guillermo Furlong, Aníbal Rotjer, Ricardo Rojas,  Ricardo Levene; entre otros.

Por lo que sostener la infamia de su filiación masónica implica continuar –se quiera o no- con el plan pergeñado en su momento por liberales y masones para frustrar los propósitos de independencia, paz y unidad del Gran Capitán, y para desvirtuar su formidable  figura arquetípica.

                                                                  Edgardo Atilio Moreno


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